Esa amargura tuya sirvió, ese desplante en plena calle,
Esa tortura hecha dios.
Esa frialdad que muchas veces intenté abrigar…
mis pasos dejaron huellas húmedas en esa carretera,
en medio de murmullos que solo saben golpear
en ese íntimo espacio donde solo la melancolía sabe caminar,
sabe susurrar y besar torpemente el viento.
Que bulla tan incapaz que no me hace nada,
que no me hace olvidar, que no me lleva a ningún lugar.
Camino sobre tu rechazo,
sutil como el hachazo en tus manos sobre mi vientre y pido paz,
pido amor a gritos que estallan dentro, que no salen, que mueren antes,
que si saben dar un paso atrás.
Yo no sé olvidar, o quizás olvido mal…
Que despreciable es el tiempo que me pone trabas para acosarte…
yo no se bien qué es amar.