jueves, 28 de febrero de 2013

Sueño I


Me puse a caminar un tanto desorientada, sentí una inquietante lentitud en mis piernas, como suele pasar en los sueños, a veces. Claro, te das cuenta solo al despertar.
Estabas casi de espaldas, porque podía ver ligeramente tu perfil, tu lindo perfil. Estabas estacionado, sentado sobre una bicicleta negra, un tanto vieja, con un pie sobre un pedal y el otro en el suelo, como quien lo utiliza para equilibrarse, como quien utiliza el pie como un freno. Tenías el cabello corto, abundante barba negra y brillante por los últimos rayos del sol de esa tarde… absolutamente desconocida para mí. Sí, eras tú, al borde de un río, tan apuesto. Te veías con tanto estilo que me excitaba a lo lejos.
Fumabas un cigarro, mirabas delante de ti como buscando a alguien, parecías ansioso. Me iba  acercando e iba sintiendo como si hubiera una fiesta en mis entrañas, cada paso que daba el volumen aumentaba y la bulla era cada vez más fuerte, sentía música dentro de mí. Y me gustaba, mis pasos se iban volviendo torpes, nerviosos, inexactos pero seguía caminando hacia a ti. Botabas el humo, mirabas al suelo, mirabas al río, mirabas tu pie que era el freno, también mirabas atrás pero lo hacías tan rápido que ni me veías, no mirabas hacia atrás en realidad, era solo un afán de angustia. Era ansia.
Y al fin llegué y me acerqué, y grité: Frank!!!!!!!!!!! Grité casi en tu cara, cerca de tu nariz. Sí, más cerca de tu nariz que de tu boca. Yo estaba tan contenta, tan apasionada, tan satisfecha… hasta que… luego de ver solo lo que me dejaba ver la emoción, pude notar tu rostro, todo el… estabas un tanto molesto, fumaste la última piteada del pucho y lo botaste bruscamente, lo pisaste y lo pateaste, y enseguida dijiste (con un tono más o menos alto): “Puta, qué manera de demorarte ah…” Y yo, lejos de la cercana exaltación que había sentido al verte, desconcertada dije: Qué…?
Y desperté, ahí acabó mi sueño.